{"id":612,"date":"2009-10-24T02:21:48","date_gmt":"2009-10-24T02:21:48","guid":{"rendered":"https:\/\/marina.swarpeca.es\/revista\/2009\/10\/24\/entrevista-a-franco-basaglia-24-10-09\/"},"modified":"2009-10-24T02:21:48","modified_gmt":"2009-10-24T02:21:48","slug":"entrevista-a-franco-basaglia-24-10-09","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/marina.swarpeca.es\/revista\/entrevista-a-franco-basaglia-24-10-09\/","title":{"rendered":"Entrevista a Franco Basaglia [24\/10\/09]"},"content":{"rendered":"<p>&#8211; <strong>\u00bfQu\u00e9 entiende usted por antipsiquiatr\u00eda? \u00bfConsidera justificado que se engloben bajo esta denominaci\u00f3n actitudes distintas a las que adoptan Laing, Cooper y Esterson, los creadores del t\u00e9rmino?<\/strong><\/p>\n<p>Es muy dif\u00edcil que una persona que se interesa por los problemas de la transformaci\u00f3n de la psiquiatr\u00eda pueda entender lo que quiere decir la asistencia al enfermo al margen de los esquemas tradicionales. El t\u00e9rmino \u201cantipsiquiatr\u00eda\u201d ha sido objeto, \u00faltimamente, de muchas controversias. David Cooper, a quien se debe su creaci\u00f3n, lo analiza en su libro \u00ab<em>La gram\u00e1tica de la vida<\/em>\u00ab, uno de cuyos cap\u00edtulos se centra precisamente en el t\u00e9rmino \u201cantipsiquiatr\u00eda\u201d. He le\u00eddo el libro y me parece muy interesante constatar c\u00f3mo el propio autor se maravilla de la suerte que ha tenido dicho t\u00e9rmino. Se maravilla de c\u00f3mo y por qu\u00e9 esa palabra ha conseguido transformarse, de por s\u00ed, en un nuevo tipo de etiqueta para la psiquiatr\u00eda. O sea, actualmente pueden distinguirse dos bandos: uno, amplio, de psquiatras, y otro, reducido, de antipsiquiatras.<\/p>\n<p>Un hecho grave es que de la antipsiquiatr\u00eda -o de lo que ha representado el movimiento generado por la antipsiquiatr\u00eda- se intente rescatar tan s\u00f3lo la faceta ideol\u00f3gica, olvidando el aspecto pr\u00e1ctico. Es decir, muchas personas que no han tenido ninguna intervenci\u00f3n en los problemas pr\u00e1cticos de la transformaci\u00f3n psiqui\u00e1trica escriben libros sobre la antipsiquiatr\u00eda con el fin de crear una nueva ideolog\u00eda de repuesto. En este sentido, rechazo de manera categ\u00f3rica la calificaci\u00f3n de \u201cantipsiquiatra\u201d. No me interesa este esquema. Yo soy un psiquiatra porque soy consciente de mis deberes; de no ser as\u00ed, deber\u00eda cambiar de profesi\u00f3n. Si sigo ejerciendo en el sector p\u00fablico, o sea en la esfera estatal, es porque acepto mi estatus de psiquiatra, estatus que nada tiene que ver con el conformismo del intelectual integrado, del intelectual y del t\u00e9cnico que obran con el consentimiento del poder p\u00fablico y de la organizaci\u00f3n social, y que act\u00faan falsamente desde un punto de vista democr\u00e1tico. Pienso que, como t\u00e9cnico, debo simplemente usar mi estatus para ayudar a superar las necesidades del p\u00fablico y del internado.<\/p>\n<p>El hecho de que el t\u00e9rmino \u201cantipsiquiatr\u00eda\u201d haya tenido tanto \u00e9xito se debe a la sed de nuevas ideolog\u00edas por parte del poder establecido, el cual debe crear \u201cnuevas ideolog\u00edas\u201d de repuesto para conseguir ese consenso que cada vez le resulta m\u00e1s dif\u00edcil. Efectivamente, hoy en d\u00eda, el \u00fanico \u201cconsentimiento\u201d que puede conseguir el poder es el que deriva de la violencia y de la represi\u00f3n. Y esto se verifica no s\u00f3lo en la violencia y en la represi\u00f3n en sentido general y p\u00fablica, sino, y sobre todo, a nivel de las instituciones destinadas a resolver las necesidades del ciudadano.<\/p>\n<p>Antes he citado a Cooper por cuanto es a \u00e9l a quien se remonta el t\u00e9rmino \u201cantipsiquiatr\u00eda\u201d. Ronald D. Laing y A. Esterson tambi\u00e9n han sido incluidos en el campo de la antipsiquiatr\u00eda, pero el mismo Laing rechaza el concepto que, para \u00e9l, no quiere decir nada y no es m\u00e1s que una expresi\u00f3n de recambio.<\/p>\n<p>&#8211; <strong>A veces, se ha comparado el manicomio con la c\u00e1rcel \u00bfQu\u00e9 opina usted de ello?<\/strong><\/p>\n<p>Quien entra en un manicomio, aunque sea calificado como una instituci\u00f3n hospitalaria, no es considerado como un enfermo, sino como un internado que va a expiar una culpa, de la que no conoce ni las causas ni la condena; es decir, desconoce la duraci\u00f3n de esa expiaci\u00f3n. Por otra parte, all\u00ed tambi\u00e9n hay m\u00e9dicos, batas blancas, enfermos y enfermer\u00edas, como si se tratara de un hospital, aunque, en realidad, no es m\u00e1s que un instituto de vigilancia donde la ideolog\u00eda m\u00e9dica constituye una coartada para legitimar una violencia que ning\u00fan \u00f3rgano puede controlar, ya que el mandato confiado al psiquiatra es total, en el sentido que \u00e9l representa concretamente la ciencia, la moral y los valores del grupo social del cual es su leg\u00edtimo representante dentro de la instituci\u00f3n. A pesar de ello, se afirma que en el \u00faltimo siglo se han dado pasos gigantescos hacia la conquista de la libertad y del destino humanos. La ciencia, en todos los campos, declara ir a la b\u00fasqueda de elementos siempre nuevos para poder liberar al hombre de sus propias contradicciones y de las contradicciones con la Naturaleza. Pero, si se analiza -y sobre todo si se act\u00faa- el interior de una cualquiera de las numerosas instituciones creadas por nuestra ciencia y por nuestra civilizaci\u00f3n, constataremos lo poco que se ha hecho y c\u00f3mo las innovaciones t\u00e9cnicas no han hecho m\u00e1s que dar un nuevo orden formal a determinadas condiciones, en las cuales la Naturaleza y el significado permanec\u00edan invariables.<\/p>\n<p>En el campo espec\u00edfico de la reclusi\u00f3n -y en este t\u00e9rmino se pueden incluir tanto el manicomio como la c\u00e1rcel-, desde la \u00e9poca del barco de los locos -que erraba por los mares con su cargamento de \u201canormales\u201d e \u201cindeseables\u201d- , la ciencia y la civilizaci\u00f3n parecen no haber sido capaces de ofrecer nada m\u00e1s que un anclaje en las islas de la marginaci\u00f3n y la reclusi\u00f3n, en las cuales \u201cdesviaci\u00f3n enferma\u201d y \u201cdesviaci\u00f3n sana\u201d, \u201cculpable\u201d y \u201cresponsable\u201d -y, por tanto, \u201cdelincuente\u201d- encuentran su justa ubicaci\u00f3n. Para el hombre descarriado moralmente, la c\u00e1rcel; para el hombre con el esp\u00edritu enfermo, el manicomio; para el hombre criminal y reconocido enfermo, el manicomio criminal. Esta ha sido la gran \u201cconquista\u201d de la ciencia hasta ahora.<\/p>\n<p>A lo largo de siglos, locos, criminales, prostitutas, alcoholizados, ladrones y extravagantes de todo tipo han convivido en el mismo lugar donde las distintas facetas de su anormalidad resultaban niveladas por un elemento en com\u00fan -el salirse de la norma y de sus c\u00e1nones- debido a la necesidad de aislar al anormal del contexto social. Las paredes del hospicio limitaban, conten\u00edan y ocultaban al \u201cendemoniado\u201d, al \u201cloco\u201d, como expresi\u00f3n del mal involuntario e irresponsable del esp\u00edritu, junto al criminal, expresi\u00f3n del mal intencionado y responsable. Locura y criminalidad representaban esa parte del hombre que deb\u00eda ser eliminada, erradicada y ocultada, hasta tanto que la ciencia no ratificase su neta separaci\u00f3n mediante una individualizaci\u00f3n de los distintos caracteres espec\u00edficos de los fen\u00f3menos.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el racionalismo iluminista, la c\u00e1rcel ten\u00eda que ser la instituci\u00f3n punitiva para quien violase la norma representada por la ley -la ley que protege la propiedad, que define los comportamientos p\u00fablicos correctos, las jerarqu\u00edas de la autoridad, la estratificaci\u00f3n del poder, la amplitud y la profundidad de la explotaci\u00f3n. El loco, el enfermo de esp\u00edritu, quien se apropia de un bien habitualmente atribuido a la raz\u00f3n dominante -el extravagante que vive seg\u00fan las normas creadas por su misma raz\u00f3n o por su locura- , empezaron a ser clasificados como enfermos, para los cuales hac\u00eda falta una instituci\u00f3n que marcara y definiese claramente los l\u00edmites entre raz\u00f3n y locura, y en la cual se pudiera encerrar y aislar a quien atentara contra el orden p\u00fablico en cuanto a criterios de peligrosidad o esc\u00e1ndalo p\u00fablicos. C\u00e1rcel y manicomio -cuando ya estuvieron separados- siguieron conservando todav\u00eda la misma funci\u00f3n de tutela y defensa de la \u201cnorma\u201d, donde el anormal -por enfermedad o criminalidad- se transformaba en normal en el mismo momento en que quedaba circunscrito por esos muros que establec\u00edan una diferencia y un distanciamiento. Por tanto, la ciencia ha conseguido separar la criminalidad de la locura, reconociendo a esta \u00faltima, por una parte, una nueva dignidad: la de la abstracci\u00f3n, o sea, su definici\u00f3n en t\u00e9rminos de enfermedad; y por otra parte, a la criminalidad le ha reconocido un elemento humano, desde el momento que llega a ser objeto de b\u00fasqueda por parte de criminalistas y cient\u00edficos que incluso \u201cdetectan\u201d factores biol\u00f3gicos gen\u00e9ricos como base del comportamiento subnormal. A pesar de la separaci\u00f3n cient\u00edfica de las dos entidades abstractas -criminalidad y enfermedad- , cada cual con su t\u00edpica instituci\u00f3n, pr\u00e1cticamente queda inalterada la estrecha relaci\u00f3n de la una con la otra en cuanto al orden p\u00fablico, lo cual determina que las funciones de ambas instituciones, respecto a la defensa y la tutela de ese orden, permanezcan inalteradas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, a pesar del reconocimiento abstracto de esta nueva dignidad, ni el criminal que tiene que expiar la ofensa hecha a la sociedad, ni el loco que debe pagar por su comportamiento incorrecto e impropio, han tenido nunca dignidad de hombres y las instituciones que han sido construidas para ellos -para su reeducaci\u00f3n y redenci\u00f3n por una parte, y para su cura y rehabilitaci\u00f3n por otra- , no han visto modificar ni su funci\u00f3n ni su naturaleza, continuando en su evoluci\u00f3n sobre v\u00edas paralelas.<\/p>\n<p>&#8211; <strong>A trav\u00e9s de la historia se denota cierta relaci\u00f3n entre desarrollo econ\u00f3mico y asistencia psiqui\u00e1trica. \u00bfCu\u00e1l es su opini\u00f3n?<\/strong><\/p>\n<p>Estructura econ\u00f3mica y funci\u00f3n institucional coinciden siempre, a cualquier nivel de desarrollo; por tanto, no es casual que los manicomios comenzaran a estructurarse, en su sentido t\u00e9cnico y social, con el inicio de la Revoluci\u00f3n Industrial, a principios del siglo XIX.<\/p>\n<p>Todas las formas de asistencia p\u00fablica alcanzan su m\u00e1s amplia configuraci\u00f3n institucionalizada en el momento en que se separa lo \u201cproductivo\u201d de lo \u201cno productivo\u201d. Efectivamente, la relaci\u00f3n ya no se da entre el hombre y la sociedad, sino entre el hombre y la producci\u00f3n, lo que acarrea un nuevo uso discriminante de cada elemento -anormalidad, enfermedad, desviaci\u00f3n, etc\u00e9tera- que pueda constituir un estorbo para el desarrollo productivo.<\/p>\n<p>Tan pronto como se ha reconocido que la verdadera finalidad de las instituciones -que en teor\u00eda han sido delegadas para la recuperaci\u00f3n- es la eliminaci\u00f3n, mediante distintas justificaciones cient\u00edficas, no se puede ignorar cu\u00e1les son los grupos o los individuos que caen en sus redes: el proletariado y el subproletariado, para los cuales la posibilidad de rehabilitaci\u00f3n o de recuperaci\u00f3n no existe.<\/p>\n<p>Para los grupos dominantes es muy f\u00e1cil librarse de las instituciones represivas y de castigo que han sido creadas en defensa de las normas sociales establecidas por ellos. Y esto, no porque entre sus miembros no haya enfermos, locos o criminales, sino porque su estar enfermo, ser loco o ser criminal puede quedar englobado en el ciclo productivo. Si enfermedad y delito son acontecimientos y contradicciones naturales, es muy explicativa la casi total ausencia de quienes pertenecen a las clases dominantes en las instituciones de la enfermedad y de la delincuencia.<\/p>\n<p>&#8211; <strong>En algunos ambientes, existe la convicci\u00f3n de que debe pensarse en nuevas estructuras que respondan a los nuevos planteamientos acerca de las instituciones que prestan asistencia psiqui\u00e1trica. Seg\u00fan usted, \u00bfqu\u00e9 directrices deben presidir este cambio?<\/strong><\/p>\n<p>Actualmente, nadie pueden mantener que las instituciones cerradas no sean indignas de un pa\u00eds \u201ccivilizado\u201d. Nadie desconoce las condiciones en que viven los internados y nadie puede rechazar la responsabilidad y esquivar la lucha para que las cosas, de alguna manera, puedan cambiar. Sin embargo, la transformaci\u00f3n de las instituciones lleva inevitablemente de nuevo al punto de partida. La transformaci\u00f3n, promovida por la necesidad de una adecuaci\u00f3n institucional al desarrollo econ\u00f3mico, no puede tener m\u00e1s significado ni distinta naturaleza que la anterior transformaci\u00f3n, que ha hecho que las instituciones sean lo que son, con referencia a lo que eran. Dentro de la misma l\u00f3gica, transformaci\u00f3n, racionalizaci\u00f3n y control son las tres etapas de un proceso que se perpet\u00faa continuamente a trav\u00e9s del constante cambio formal de las cosas, sin que nunca incidan en la estructura, porque la transformaci\u00f3n se da siempre como una respuesta t\u00e9cnica a una demanda econ\u00f3mica y, por tanto, es siempre la ley econ\u00f3mica la que exige la nueva racionalizaci\u00f3n t\u00e9cnica que sirve de control a la situaci\u00f3n transformada.<\/p>\n<p>Las ciencias humanas -y entre \u00e9stas la criminolog\u00eda y la psiquiatr\u00eda- est\u00e1n preparadas para ofrecer nuevas instituciones como respuesta pr\u00e1ctica a las nuevas ideolog\u00edas con que se intenta fabricar el nuevo hombre. Pero este nuevo humanismo, que siempre reaparece en los momentos de crisis, es un fracaso, ya que las relaciones sociales permanecen invariables, y seguir\u00e1n determinando las vejaciones del hombre sobre el hombre. La instituci\u00f3n que puede nacer en defensa y custodia de la humanidad oprimida acabar\u00e1 transform\u00e1ndose en una nueva forma de opresi\u00f3n, para esa misma franja de humanidad.<\/p>\n<p>Debemos ser conscientes de estos procesos para emprender una lucha a favor del hombre, la cual llegue a ser realmente una lucha para liberar a todos los hombres sin que sea una forma de reafirmar esa divisi\u00f3n innatural, determinada hist\u00f3ricamente y que es aceptada e impuesta como cosa natural: la divisi\u00f3n de clases.<\/p>\n<p>&#8211; <strong>\u00bfEl trastorno mental es siempre una enfermedad, lo es s\u00f3lo a veces, o no lo es nunca?<\/strong><\/p>\n<p>Las alteraciones de la personalidad, los trastornos mentales, responden a una situaci\u00f3n humana y esto es v\u00e1lido siempre; en un segundo momento, esta situaci\u00f3n humana se cataloga, y es ah\u00ed donde aparecen las etiquetas de enfermedad. La enfermedad es la burocratizaci\u00f3n de la necesidad que esa situaci\u00f3n humana representa. El equ\u00edvoco es que nosotros, como psiquiatras, tomamos el aspecto burocr\u00e1tico de la enfermedad y no la necesidad que \u00e9sta expresa. El m\u00e9dico -y esto que voy a decir puede ser tambi\u00e9n v\u00e1lido para otros especialistas- va en b\u00fasqueda de las enfermedades m\u00e1s sofisticadas, m\u00e1s complejas, m\u00e1s prol\u00edficas de s\u00edntomas, para determinar despu\u00e9s si se est\u00e1 m\u00e1s o menos enfermo: cantidades, gradaciones, matices &#8230; Entonces nos hallamos frente al problema del lenguaje t\u00e9cnico, un vocabulario eufem\u00edstico, un conjunto de palabras que complejifican el fen\u00f3meno, pero que dejan intacta la necesidad. No interesa ni sirve decir que los manicomios encierran \u201cgente que rechaza su propia vida\u201d. Eso no es teor\u00eda. La teor\u00eda s\u00f3lo es posible cuando surge como reflexi\u00f3n sobre la propia pr\u00e1ctica transformadora. Si no se teoriza sobre estas bases, lo \u00fanico que se consigue es reformular una nueva ideolog\u00eda que coloca palabras para explicar la enfermedad, pero que no descubre las necesidades de la persona enferma.<\/p>\n<p>Estamos viviendo un momento en que se tiende a complejificar permanentemente la explicaci\u00f3n de los hechos. Se producen an\u00e1lisis complicad\u00edsimos -destinados a grupos selectos- sobre situaciones simples, porque la complicaci\u00f3n est\u00e1 al servicio de la confusi\u00f3n y \u00e9sta, a su vez, es un arma del dominio. <\/p>\n<p>&#8211; <a href=\"https:\/\/www.fcgjung.com.es\/art_144.html#link_1\">Fuente: Fundaci\u00f3n Carl Gustav Jung<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 entiende usted por antipsiquiatr\u00eda? \u00bfConsidera justificado que se engloben bajo esta denominaci\u00f3n actitudes distintas a las que adoptan Laing, Cooper y Esterson, los creadores del t\u00e9rmino? 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