{"id":441,"date":"2009-06-27T10:16:15","date_gmt":"2009-06-27T10:16:15","guid":{"rendered":"https:\/\/marina.swarpeca.es\/revista\/2009\/06\/27\/las-guerras-del-agua-27-06-09\/"},"modified":"2009-06-27T10:16:15","modified_gmt":"2009-06-27T10:16:15","slug":"las-guerras-del-agua-27-06-09","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/marina.swarpeca.es\/revista\/las-guerras-del-agua-27-06-09\/","title":{"rendered":"Las guerras del agua [27\/06\/09]"},"content":{"rendered":"<p>Recientemente se ha publicado un interesante informe elaborado por un grupo de investigadores alemanes del <em>Instituto Wuppertal del Clima<\/em>. Los autores mencionan en este trabajo algunos de los graves conflictos transfronterizos que empiezan a detectarse debido a la apropiaci\u00f3n global de los recursos h\u00eddricos, ya sea por medio de presas, conductos que los transportan a miles de kil\u00f3metros, tanques y hasta botellas.<\/p>\n<p>Estos investigadores aportan algunos datos interesantes: por ejemplo, que en 1949 hab\u00eda en el planeta 5.000 grandes presas hidr\u00e1ulicas y que, a finales del siglo XX, en s\u00f3lo 50 a\u00f1os, su n\u00famero ascend\u00eda a 45.000. Tras estas grandes obras para producir energ\u00eda hidr\u00e1ulica y favorecer el abastecimiento a las ciudades, en un mundo cada vez m\u00e1s urbano, se esconden grandes desplazamientos de poblaciones y la destrucci\u00f3n de la vida que se sustenta gracias a esos cauces. Son, casi siempre, sociedades al borde de la subsistencia, a veces pueblos ind\u00edgenas que quieren vivir al margen de lo que llamamos civilizaci\u00f3n. Los beneficiarios de esa apropiaci\u00f3n siempre est\u00e1n a miles de kil\u00f3metros de las fuentes de las que mana el agua.<\/p>\n<p>Los medios de comunicaci\u00f3n han dedicado mucho espacio a describir algunas de estas grandes infraestructuras. Ah\u00ed est\u00e1 la construcci\u00f3n en China de la presa de Las Tres Gargantas en el r\u00edo Yangtse. China es un pa\u00eds que posee el 6% del agua potable mundial y el 20% de la poblaci\u00f3n. Un desequilibrio que trata de paliar a marchas forzadas. La gigantesca presa ya ha afectado negativamente a casi dos millones de personas y ha destruido ecosistemas \u00fanicos en aras del desarrollo econ\u00f3mico chino, el pa\u00eds con mayor crecimiento econ\u00f3mico del planeta.<\/p>\n<p><strong>China: cincuenta nuevas presas<\/strong><\/p>\n<p>Poco se sabe, sin embargo, del pr\u00f3ximo gran proyecto chino: construir otras 50 presas sobre el r\u00edo Mekong. Seg\u00fan los analistas y los investigadores, estas obras afectar\u00e1n gravemente a su vecino Vietnam. De hecho, creen que podr\u00edan convertir su delta en un desierto y destruir el ecosistema del que viven millones de campesinos y pescadores vietnamitas. Algunos ya auguran que ser\u00e1 uno de los grandes conflictos del siglo XXI.<\/p>\n<p>Enfrentamientos entre pa\u00edses por el agua no son nuevos. Los ha habido en el pasado entre Egipto y Etiop\u00eda, por la explotaci\u00f3n del Nilo; entre Israel y Jordania por el r\u00edo Jord\u00e1n, en Rep\u00fablica Democr\u00e1tica del Congo, donde se construye la futura presa Gran Inga (el doble de grande que las Tres Gargantas) y en la Amazon\u00eda, donde los ind\u00edgenas contin\u00faan su lucha contra la presa que el gobierno brasile\u00f1o quiere levantar en el r\u00edo Xing\u00fa.<\/p>\n<p>A estas batallas entre estados hay que sumar las que se producen dentro de los propios pa\u00edses. Violentas protestas han tenido lugar en ciudades como Cochabamba (de Bolivia), Soweto (Sud\u00e1frica) o en Yakarta (Indonesia) por la privatizaci\u00f3n del abastecimiento del agua. En algunos de esos lugares, este pago supone hasta el 10% de los ingresos familiares entre los m\u00e1s pobres, una factura que generar\u00eda en Espa\u00f1a una aut\u00e9ntica rebeli\u00f3n.<\/p>\n<p>Las ONG de desarrollo reconocen, sin embargo, que el primer paso para mejorar la salud de una comunidad cualquiera es facilitar los saneamientos y el agua potable. Y calculan que reducir a la mitad las personas que hoy no disponen de estos m\u00ednimos servicios supondr\u00eda un gasto total de entre 30.000 y 50.000 millones de euros, menos del 1% de los gastos militares globales.<\/p>\n<p>Un dato m\u00e1s: se estima que s\u00f3lo la presa Gran Inga, la de Rep\u00fablica Democr\u00e1tica del Congo, costar\u00e1 6.000 millones de euros. Eso s\u00ed, la energ\u00eda sobrante que genere se podr\u00e1 exportar a Espa\u00f1a e Italia.  La pregunta es inevitable: \u00bfc\u00f3mo es posible que sobre energ\u00eda en un continente donde la red el\u00e9ctrica no llega a la inmensa mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n? \u00bfllegar\u00e1n los beneficios de esa venta a los danmificados? Para colmo de males, el proyecto no menciona c\u00f3mo cambiar\u00e1 el panorama en las orillas del r\u00edo Congo. All\u00ed no se exigen estudios de impacto ambiental.<\/p>\n<p>Tampoco hay que ir muy lejos para comprobar la violencia, en este caso verbal, que genera la escasez de agua. Basta con mirar el mapa de Espa\u00f1a y comprobar que es un recurso cada d\u00eda m\u00e1s limitado, aunque esta primavera haya llovido mucho. Siempre lleva adherido la pol\u00e9mica de los trasvases y de qui\u00e9n es el propietario de un l\u00edquido del que todos quieren aprovecharse. En periodo electoral o de cuando los pantanos se vac\u00edan, la batalla pol\u00edtica del agua llena portadas e informativos.<\/p>\n<p><strong>La frontera entre el desierto y la sabana<\/strong><\/p>\n<p>Respecto a los pa\u00edses en desarrollo, son varios los viajes que he hecho  al continente africano, algunos con organizaciones no gubernamentales, como <em>Manos Unidas<\/em> o <em>Ayuda en Acci\u00f3n<\/em>. Quer\u00eda conocer su trabajo en el terreno. Otros los he hecho por mi cuenta, porque \u00c1frica me atrap\u00f3 hace muchos a\u00f1os. <\/p>\n<p>Desde luego, donde m\u00e1s problemas hay derivados de la escasez de agua ha sido en el sahel, esa frontera entre el desierto y la sabana que vive al l\u00edmite de subsistencia. Si hay un lugar con estr\u00e9s h\u00eddrico es esa franja de millones de kil\u00f3metros cuadrados.<br \/>\nTengo a\u00fan bien presente mi estancia en Mal\u00ed, hace ya casi 10 a\u00f1os, cuando a\u00fan se hablaba poco del cambio clim\u00e1tico y las sequ\u00edas. Fue uno de mis primeros viajes al continente. <\/p>\n<p>Mal\u00ed es el Sahara, puro desierto. Cogimos una pinaza en Bamako, la capital, y subimos por el r\u00edo N\u00edger, el r\u00edo de los r\u00edos, durante varias jornadas. Por la noche par\u00e1bamos en las aldeas de las orillas. En algunas nos quedamos varios d\u00edas. El agua se convirti\u00f3 en el tema de conversaci\u00f3n continuo. Hubo d\u00edas en que s\u00f3lo ten\u00eda la que conten\u00eda una tetera de tama\u00f1o mediano para lavarme y refrescarme durante todo el d\u00eda, bajo un sol de justicia, a 45\u00ba. Y ese privilegio se deb\u00eda a que era blanca y estaba de paso, porque all\u00ed todo el mundo se ba\u00f1aba en el r\u00edo N\u00edger, donde las aguas no eran precisamente procelosas. Lo habitual es que las gentes viertan las basuras al cauce y el fondo es fangoso en las orillas en buena parte del recorrido.<\/p>\n<p>Las mujeres de la aldea con las que compart\u00ed varios d\u00edas recorr\u00edan tres kil\u00f3metros bajo el sol hasta llegar a un pozo para conseguir agua limpia, que sacaban en un pellejo de cabra. En el mismo pellejo beb\u00edan las escu\u00e1lidas cabras de sus reba\u00f1os. Por all\u00ed, no se ve\u00eda ning\u00fan rastro de que llegara dinero de cooperaci\u00f3n internacional para mejorar sus \u00ednfimas condiciones de vida.<\/p>\n<p>Recuerdo el calor asfixiante y el control que ten\u00edamos que hacer de las botellas de agua mineral que llev\u00e1bamos los extranjeros. No ten\u00edan recambio en muchos kil\u00f3metros a la redonda. Cada gota que se ca\u00eda al suelo, nos provocaba dolor. No se me olvidar\u00e1 c\u00f3mo los ni\u00f1os beb\u00edan directamente del N\u00edger, donde yo ni siquiera me atrev\u00eda a meter un pie. Tem\u00eda pillar la esquistosomiasis o bilarziasis, unos par\u00e1sitos que se introducen en la sangre por la piel y que suelen estar en las aguas estancadas y en las orillas de los r\u00edos. Se calcula que en el mundo la sufren 200 millones de personas. En un viaje anterior a \u00c1frica ya hab\u00eda cogido estos gusanos, de los que me libr\u00e9 con una sola y car\u00edsima pastilla.<\/p>\n<p>En aquella aldea, cuyo nombre no recuerdo, todos los ni\u00f1os ten\u00edan las barriguitas hinchadas, fruto de los diferentes tipos de par\u00e1sitos que ten\u00edan en su aparato digestivo. Les dejaban d\u00e9biles, sin energ\u00eda para jugar y mucho menos estudiar en el colegio, situado a casi una hora de distancia. De hecho, no iban.<\/p>\n<p><strong>Los tuareg frente a los fulani<\/strong><\/p>\n<p>El problema del agua lo volv\u00ed a vivir unos a\u00f1os despu\u00e9s en N\u00edger, el pa\u00eds vecino. El verano que lo visit\u00e9, se hab\u00eda recrudecido el constante conflicto entre los tuareg y los fulani por el uso de los pocos pozos disponibles en la frontera del desierto. Los fulani son un pueblo n\u00f3mada, que viven del pastoreo. Es una cultura en extinci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los tuareg, tradicionalmente, han vivido m\u00e1s al norte, sobre todo del comercio, pero tambi\u00e9n tienen algunos reba\u00f1os de ganado. Con la desertizaci\u00f3n provocada por el calentamiento global, la frontera verde ha bajado m\u00e1s al sur, muchos pozos se han secado en el norte y los fulani han visto c\u00f3mo sus pozos, tambi\u00e9n cada vez con menos agua, tienen que ser compartidos con los tuareg que, adem\u00e1s, suelen ir armados, como pueblo guerrero que son.<\/p>\n<p>Los enfrentamientos son continuos. De hecho, una de las noches que est\u00e1bamos acampados con los fulani en mitad del reseco sahel. Celebraban el Gweregol, la fiesta de las bodas y nos hab\u00edan invitado a unirnos a ellos. De repente, empezaron a gritar. Tuvimos que apagar los fuegos y las linternas. A lo lejos alguien hab\u00eda visto el reflejo de las luces de un jeep (en la llanura se ve todo). Seg\u00fan los fulani, pod\u00edan ser tuaregs armados, dispuestos a pelear su territorio porque los fulani hab\u00edan acampado cerca de una charca que no les correspond\u00eda. Aquel mes de septiembre era muy seco.<\/p>\n<p>De hecho, los woodabe han suspendido varias veces el Gweewgol en los \u00faltimos a\u00f1os, porque se les ha muerto el ganado por falta de agua y no tienen para celebraciones. Ahora me cuentan que las organizan para los turistas, previo pago de las agencias de viajes.<\/p>\n<p>En N\u00edger, como en Mal\u00ed y en toda \u00c1frica, es habitual comprobar que las ni\u00f1as no van a la escuela porque deben ayudar a ir a por agua a puntos alejados de sus chozas. Alguna vez fui con ellas y sus madres, cargada con garrafas y botellas. Debo reconocer que era incapaz de aguantar el peso todo el trayecto, pese a que mi alimentaci\u00f3n es mucho m\u00e1s nutritiva y equilibrada que la suya.<\/p>\n<p>Cuando vuelves a casa y abres el grifo no sabes si re\u00edr o llorar. Yo me quedo embobada viendo c\u00f3mo sale el agua transparente, a borbotones. Sin l\u00edmite, si yo quiero. Sin m\u00e1s trabajo que girar la mu\u00f1eca o levantar un dedo. Todo un espect\u00e1culo.<\/p>\n<p><strong>Remover la tierra con los pi\u00e9s<\/strong><\/p>\n<p>En 2002 visit\u00e9 Malaui y Mozambique con  una organizaci\u00f3n de desarrollo que financia proyectos de cooperaci\u00f3n en pa\u00edses en desarrollo. No son la f\u00f3rmula ideal, pero de momento no hay otra.<\/p>\n<p>Era noviembre, en teor\u00eda la \u00e9poca de lluvias m\u00e1s intensas, pero no ca\u00eda ni una gota. En los d\u00edas que estuvimos en este m\u00edsero pa\u00eds, masacrado por el sida y el hambre, s\u00f3lo recuerdo dos peque\u00f1as tormentas y las muchas quejas de las gentes de los poblados. Los cultivos, salvo alrededor del lago Malwi, estaban raqu\u00edticos y los ni\u00f1os desnutridos. <\/p>\n<p>El otro d\u00eda, repasando mi diario de aquel viaje, me vinieron a la cabeza aquellos cuerpecitos de piel y hueso, sus grandes ojos perdidos en las cuencas del hambre. Y sus madres. Intentando sacar algo de la nada. Marcadas por la desesperanza.<br \/>\nRele\u00eda tambi\u00e9n mis apuntes de la conversaci\u00f3n con un jornalero de Nambula, un pueblo en el centro del pa\u00eds. El due\u00f1o de la tierra le hab\u00eda dado dos cubos de semillas para que le trabajara la tierra. Al final, le hab\u00eda prometido el equivalente a unos 100 euros, adem\u00e1s de la comida gratis. Si hab\u00eda sequ\u00eda y el tabaco no crec\u00eda, no recibir\u00eda nada. Aquel hombre, rodeado de hijos, no ten\u00eda ni arado ni fertilizantes para cultivar la tierra. La remov\u00eda con los pies.<\/p>\n<p>Gracias a la financiaci\u00f3n de Manos Unidas, se hab\u00edan construido pozos cerca de Nambula y el campesino, como otros, se hab\u00eda hecho con una bomba manual con la que sacar el agua para regar su peque\u00f1a parcela. All\u00ed no hay irrigaci\u00f3n por goteo, ni aspersores, ni canales, ni trasvases que lleven el agua de un lado a otro. Hacer un pozo de agua potable en \u00c1frica, para toda una aldea, cuesta la friolera de unos 120 euros, bastante menos que un \u2018ipod\u2019. Eso s\u00ed, son pozos peque\u00f1os, pensados sobre el terreno, no dise\u00f1ados en los despachos del <em>Banco Mundial<\/em>.<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os despu\u00e9s, repet\u00ed con la misma ONG para ir hasta Madagascar. Y lo que me qued\u00f3 grabado de aquel viaje fue el efecto de una deforestaci\u00f3n brutal. Un suelo rojo y reseco que se extiende cientos y cientos de kil\u00f3metros. Sinceramente, no me imaginaba que fuera as\u00ed esta gigantesca isla, \u00fanica en sus ecosistemas porque lleva millones de a\u00f1os separada del resto del continente africano. Ten\u00eda la imagen id\u00edlica de las agencias de viajes, en la que se ven bosques frondosos habitados por los lemures y las playas con palmeras. Son el reducto que se ha salvado, de momento, en el norte.<\/p>\n<p>Comprend\u00ed entonces que sus ricas maderas tropicales no han sobrevivido al brutal consumismo en el que vivimos inmersos. La poca le\u00f1a que les queda, debe ser utilizada como combustible por una poblaci\u00f3n que no tiene dinero para comprar petr\u00f3leo o queroseno. Los caminos est\u00e1n llenos de mujeres cargando agua, mujeres cargando ni\u00f1os y mujeres cargando le\u00f1a, como en todo el continente.<\/p>\n<p><strong>Tres vasos de agua al d\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Entre los proyectos que pude visitar relacionados con el agua est\u00e1 un gigantesco aljibe que hab\u00eda construido Manos Unidas con una inversi\u00f3n de 18.000 euros. Suficiente para dar suministro del agua de lluvia a 17 aldeas, seg\u00fan aseguraban los del lugar. Eso si, tambi\u00e9n nos enteramos que el alcalde se quedaba con una buena parte para sus asuntos. <\/p>\n<p>En aquella peque\u00f1a aldea, llamada Manitsebo, a la que llegamos tras un agotador viaje por los rojos caminos de \u00c1frica, nos contaron que a los ni\u00f1os, desde bien peque\u00f1os, se les ense\u00f1a a beber s\u00f3lo tres peque\u00f1os vasos de agua al d\u00eda. El ganado com\u00eda las chumberas, a las que previamente se les quemaban las espinas. De ese modo aseguraban que se apa\u00f1aban sin agua.<\/p>\n<p>Volv\u00ed de nuevo a ver proyectos relacionados con el agua en Kenia. Ya no se trataba de peque\u00f1os pozos o aljibes. Era algo m\u00e1s ambicioso: un embalse en el monte Nyambere, en las tierras norte\u00f1as de Meru. Una iniciativa innovadora y sostenible, sin causar un desastre medioambiental. Se trata de la construcci\u00f3n de dos peque\u00f1as presas con capacidad para 66.000 metros c\u00fabicos, 250 kil\u00f3metros de tuber\u00edas y un gigantesco dep\u00f3sito. Su objetivo: proporcionar agua potable a unas 250.000 personas aprovechando el agua que se filtra por la monta\u00f1a. Hasta ahora toda esa agua subterr\u00e1nea se iba por la vertiente sur, mientras la ladera norte del monte permanec\u00eda seca, sin manantiales.<\/p>\n<p>El misionero italiano Giuseppe Arguese, que llevaba 50 a\u00f1os dise\u00f1ando el proyecto, ha logrado, con ayuda de varias ONG, entre ellas Manos Unidas, construir un complejo sistema que tiene como finalidad acabar con el bombeo de agua con motores, que suponen un gasto en combustible que no pueden pagar los ameru, la etnia de la regi\u00f3n. <\/p>\n<p>Arguese es un aut\u00e9ntico zahor\u00ed, capaz de detectar una peque\u00f1a corriente interior con un palito de madera. Para distribuir el agua, el misionero ha organizado comit\u00e9s locales que reparten los derechos de agua. Estos comit\u00e9s son quienes cobran una peque\u00f1a cantidad de dinero a los que van a los grifos, lo que evita abusos y permite el mantenimiento del sistema por parte de la comunidad.<\/p>\n<p>Desde que hay agua disponible, la situaci\u00f3n ha cambiado en la zona. Arguese nos contaba que los ni\u00f1os y ni\u00f1as acuden al colegio, que ha reabierto sus puertas, porque ya no deben caminar durante horas a por el agua y las madres tienen m\u00e1s tiempo para ocuparse de ellos. Son peque\u00f1os ejemplos de lo importante que es el agua para la educaci\u00f3n y la vida.<\/p>\n<p>Los medios de comunicaci\u00f3n del resto del mundo no dedican espacio a estas iniciativas, ni a los  conflictos que se generan por la supervivencia. Pese a la tan manida globalizaci\u00f3n, las sequ\u00edas globales no interesan. Pero cada d\u00eda hay m\u00e1s informes oficiales sobre el cambio clim\u00e1tico y los cient\u00edficos y los organismos internacionales han hablado mucho de c\u00f3mo el calentamiento global va a afectar a los pa\u00edses en desarrollo, tanto por falta como por exceso de agua. Nos hablan de un futuro cada vez m\u00e1s seco o inundable, seg\u00fan la zona, lo que ya es el presente desde hace a\u00f1os en muchas zonas del planeta.<\/p>\n<p>No es suficiente tener los datos, sino saber c\u00f3mo esos n\u00fameros afectan a las personas, y es ah\u00ed donde se precisan enlaces con los lugares que no tienen acceso a Internet. El problema de una plaga de langostas es que llegue a las playas canarias y moleste a los vecinos; el drama, que supone una grave crisis alimentaria para millones de personas. <\/p>\n<p>&#8211; <a href=\"https:\/\/www.elotropais.com\/index.php?option=com_content&#038;task=blogcategory&#038;id=32&#038;Itemid=45\">Enlace<\/a><\/p>\n<p>(27 de junio de 2009)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las guerras del siglo XXI ser\u00e1n, en buena medida, las guerras del agua. Potable, claro. As\u00ed lo aseguran ya analistas pol\u00edticos y cient\u00edficos, que prev\u00e9n que, para el a\u00f1o 2025, la demanda de este recurso natural imprescindible para la vida ser\u00e1 un 56% superior que el suministro. De hecho, ya es un bien escaso para buena parte de la humanidad, como reflejan muchos de los informes de Naciones Unidas y otras organizaciones, oficiales o no, que nos llegan a las redacciones y que coinciden en sus estad\u00edsticas: m\u00e1s del 20% de la poblaci\u00f3n mundial no tiene acceso a agua limpia (es decir, 2.600 millones de personas) y hasta un 40% sufre de su escasez y ni siquiera puede disponer de las b\u00e1sicas infraestructuras higi\u00e9nicas en su casa, como un urinario o un desag\u00fce. Los estudios cient\u00edficos avalados por el <em>Panel Internacional de Cambio Clim\u00e1tico de Naciones Unidas<\/em> ya han confirmado que existe un calentamiento global provocado por el hombre y que \u00e9ste supondr\u00e1 un aumento de las temperaturas y de las sequ\u00edas, lo que empeorar\u00e1 a\u00fan m\u00e1s una situaci\u00f3n que, en estos momentos, ya est\u00e1 causando la muerte de m\u00e1s de 5.000 ni\u00f1os cada d\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":440,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[33],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/marina.swarpeca.es\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/441"}],"collection":[{"href":"https:\/\/marina.swarpeca.es\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/marina.swarpeca.es\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marina.swarpeca.es\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marina.swarpeca.es\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=441"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/marina.swarpeca.es\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/441\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/marina.swarpeca.es\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/440"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/marina.swarpeca.es\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=441"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/marina.swarpeca.es\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=441"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/marina.swarpeca.es\/revista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=441"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}